martes, 18 de marzo de 2014

jueves, 23 de enero de 2014

domingo, 12 de enero de 2014

La fineza es un arte

Hace un tiempo (una semana ponele. O un mes, o ayer... No se, no me fijé bien), leí que pasó a mejor vida la Condesa Eugenia de Chikoff.
Si no saben quien es, o mjor dicho, era, podría poner un link o sugerir que vayan a Google y se fijen, pero como no me quiero arriesgar a que después se queden allá mirando porno (si, porque hacen eso. Vamos.Todos lo saben), así rápidamente les cuento que era una señora muy paqueta, fina y educada que enseñaba protocolo, buenos modales y esas cosas que parece que hay que saber cuando uno desea, o debe por algún motivo, moverse en el mundo civilizado de la gente fina, paqueta y educada.
A mi, en lo personal, no sé bien por que, pero me caía bien la señora, y siempre que le hacían notas o la tenían de invitada en algún programa me resultaba interesante escucharla.
Y aclaro que me interesaba desde el punto de vista de las cosas que me interesan por simple curiosidad, y no porque sea yo un aristócrata de la vida que vive en un ceremonial permanente (salvo que ahora se considere ceremonioso vestir únicamente unas bermudas medio roñosas y comer restos de pizza fría del sábado, directamente en la caja y sobre un repasador que no se lava desde hace meses).
O sea, obviamente nunca me hubiera sentado a la mesa en presencia de la Condesa de Chikoff porque probablemente hubiera provocado que la pobre falleciera mucho antes, víctima de un ataque de disgusto al ver mis modales, pero bueno, la cosa es que me parecía una vieja de lo mas copada (¿Se dice "copada" todavía o ya está demodé? No estoy saliendo mucho últimamente), y ahora debe estar allá arriba, cagando a pedos a Dios y a los Santos para que no apoyen los codos arriba de la mesa.

-¿Y a que viene todo esto?- se estará preguntando Ud. en este momento mientras se saca un moco y lo amasa hasta hacerlo pelotita.

-Bueno- le responderé yo rascándome una oreja con mi dedo meñique -Viene a que la semana pasada (o hace un mes, o ayer, no sé, no me acuerdo bien), vi una nota en un sitio que hacía referencia al tema, y en la cual, además, enumeraban una serie de consejos para que uno aprenda a comportarse mas o menos como una persona, y quiero homenajear a Euge (si, porque si nos hubiéramos conocido yo la hubiera llamado Euge) compartiéndolos con todos ustedes.
Eso si, como los consejos son medio escuetos, me voy a tomar el trabajo de realizar las aclaraciones que corresondan como para evacuar las dudas que pudieran o pudiesen surgir, de modo que no haya excusas al momento de ser llevados a cabo.
Igual convengamos que si están leyendo esto está mas que claro que no son gente que se maneje en ambientes demasiado protocolares, pero bueno, aprender nunca está de mas.

Y no me diga que no necesita consejos sobre modales señor, porque lo acabo de ver sacándose un moco y haciéndolo pelotita.

Bien, dejen de rascarse ahí y tomen nota:

Al saludar, lo mejor es apretar la mano sonriendo y sin movimiento del brazo.

Supongo que se entiende, pero ampliémoslo un cacho:

Si debe saludar a un tipo que no conoce, recuerde que la primera impresión es clave y marcará el desarrollo de la relación en adelante. Debido a ello, si es usted varón no solo no debe sonreir en absoluto, sino que también deberá apretarle al otro la mano con firmeza, lo mas fuerte que pueda (si le hace doler mejor), mientras lo mira muy fijo y con mucha cara de orto, simplemente para mostrar dominio (incluso como para reforzar la imagen puede mostrar un poco los dientes y gruñir, pero eso ya va en cada uno).
En caso de que el otro medio que te la quiera emparejar y hacerse el pesadito, ahí nomás y de arrebato se le mete una piña, como para que quede bien clarito quien es el macho alfa.
Puede que aplicando este consejo nunca lo llamen después de una entrevista de trabajo, pero al menos no quedará como un sumiso pusilánime.

Si va a saludar a un conocido, en primer lugar y como ley fundamental de la naturaleza no caiga en esta moda horrenda de que los hombres se saludan con un beso. A ver si la cortamos con esto de una buena vez. Para que quede claro: los hombres se saludan dándose la mano, palmeándose la espalda o dándose un ligero golpe en el hombro, dependiendo del grado de amistad o aprecio que se tengan (porque los hombres nos tenemos "aprecio" o "estima". No "cariño". El cariño es para las mujeres y los cachorritos).
El abrazo está permitido en casos de gran estima (o aprecio) y debe ser bien masculino (o sea, golpeándose mutuamente las espaldas violentamente como si se quiesera lograr que el otro escupa un pulmón). Sino se considera franeleo y se interpreta que te gusta y tenes el culo lleno de preguntas.

Si debe saludar a una señorita, obviamente se cambia de inmediato el estrechamiento de manos por un regio beso. Si está buena. Si es medio bagarteli se acepta (y si es muy fulera se impone) estrecharle la mano, palmearle la espalda o darle un ligero golpecito en el hombro, cual si fuera un viejo amigo.

 
Cuando va a tomar asiento lo aconsejable es no mirar dónde va a sentarse, es decir, la silla o el sofá.

Si señor, ser fino no es fácil. Si es usted una persona medio atropellada y con el centro de gravedad algo desbalanceado, deberá dar un salto de fe y evaluar en una fracción de segundo entre quedar un poco ordinario por andar mirando el asiento, o quedar como un reverendo pelotudo por caerse redondamente de culo frente a toda la concurrencia por errarle al mismo.
Además deberá tener en cuenta que, si no mira, existe el riesgo de que haya un borracho gracioso de esos que nunca faltan que te ponga algo en la silla (como esas cosas que te sentás y hacen ruido a gas humano. O una tachuela) o que venga uno y te la corra a propósito.
Para evitar cualquiera de esas incidencias, la actitud a adoptar es la de acercarse tranquilamente al asiento en cuestión, colocar con elegancia una mano en el respaldo, e inmediatamente mirar de golpe a todos alrededor, con los ojos muy abiertos y cara de loco, mientraas los señala con el dedo en actitud amenazante como diciendo "Yo me voy a sentar acá y ojo con hacer algo". Luego se procede a ir sentándose muy muy despacito, sin dejar de hacer contacto visual con el resto de los concurrentes.


Los hombres no deben levantar el pliegue del pantalón al sentarse.

Acá mucho no puedo aclarar porque no tengo idea de que corno es el pliegue del pantalón. Como ya lo mencioné en alguna oportunidad, yo no sé nada de modas. No soy Benito Fernandez. Pero asi al vuelo y haciendo gala de esta habilidad innata que poseo en temas de educación y buenas costumbres, me atrevería a asegurar que esto se refiere a que quizás no esté bien visto que uno, no se, pongalé, acuda a una cena en la embajada de Mónaco y al sentarse se arremangue los lienzos para estar mas cómodo y fresquito.
Supongo que también debe estar mal bajarse las medias o sacarse los zapatos.
Es medio un garrón, pero bue, ser paquete tiene sus cosas.


Al sentarse a la mesa no debe apoyar la espalda en la silla.

Debe sentarse bien derechito, medio con el culo fruncido, y mantener la postura durante toda la velada, no importa lo que suceda. La gente bien no se desparrama en la silla.
Si nota que la cena va para largo y comienza a sentir que le duele la espalda, lo que puede hacer es excusarse educadamente, correr un poquito la silla y, lentamente y siempre con gracia, ponerse de pie. Acto seguido lleva sus manos a la cintura y arquea hacia atrás todo lo que pueda la espalda mientras hace "Mggggaaaaahhhhhhhh". Luego gira su torso un par de veces hacia cada lado, se inclina hacia adelante hasta intentar tocarse los pies con la punta de los dedos y culmina sacudiendo un poco los brazos como para relajar.
Luego, ya renovado, vuelve a sentarse.   


Los brazos y las manos deben estar apoyados sobre los apoyabrazos de la silla.

Si se llegase a dar el caso (como debe darse en la gran mayoría de las situaciones) de que la silla no tenga apoyabrazos, haga la mímica.
Es decir, se sienta y deja sus brazos supendidos en el aire, flexionados a media altura, mientras conversa y sonríe como si nada.
Recuerde que siempre es preferible ser considerado un excéntrico, a que lo vean como un pardo que no sabe sentarse.


Siempre debe enviar la comida a la boca y no la boca a la comida.

O sea, póngase un delivery... jajaja... ¿Se entendió?... Es para enviar la comida a La Boca (jojojo... soy un cardúmen de palometas de la comicidad).
Bueno, no, en serio... Esto quiere decir que no queda muy elegante comer todo encorvado con la cara casi metida en el plato como un salvaje.
Claro que si uno es medio pascual, corre el riesgo de que, por tratar de hacerse el fino, en algún momento termine parando de pechito algún bocado (o varios), mas aún si el plato se compone de ingredientes que no ayudan, como las alverjas o la salsa. En este caso deberá ser proactivo y utilizar su ingenio.
Ejemplo: si le sirven una carne estofada que de tan tiernita es difícil mantenerla pinchada en el tenedor, usted agarra y se hace un lindo sanguche.
Si un plato tiene mucha salsa, corta un pan a la mitad (a lo largo, para ganar superficie), lo pone en el plato con la miga para abajo, lo aplasta (delicadamente, por supuesto) un par de veces con el reverso del tenedor para que chupe bien, y después lo secciona en pedacitos para ingerirlo de a poco.
Lo importante aqui es no perder la postura erguida y, obviamente, no quedar como un mamerto que no puede comer dos bocados sin que se le caiga algo.
La parte positiva es que aparentemente estaría permitido arrojar manises al aire y abarajarlos con la boca, o poner cosas en una cucharita y usarla como una pequeña catapulta para mandarse canapés, aceitunas, almondiguitas, o cosas así pequeñas, ya que eso es enviar comida a la boca y no contradice el consejo (Además si no erra ninguna se convertirá automáticamente en el alma de la fiesta).


Antes de ir a un evento trate de comer algo antes, a fin de no demostrar ansiedad por la comida.

Si señor. Sepa que no tiene mucho charme que ni bien llega, aún antes de saludar, se abalance sobre las bandejas de sanguchitos como un refugiado somalí, o ande corriendo al mozo que anda ofereciendo bocaditos para manotearle un puñado.
Tampoco deberá, si el evento incluye una cena, mostrarse nervioso y mirar para todos lados mientras pregunta a cada rato "¿Cuando se come acá? ¡Tengo una lija que me muero!" al tiempo que se manda un pancito tras otro.
Tampoco queda bien preguntar "¿Se puede repetir?" luego de cada plato, ni preguntarle a otro comensal si se va a comer eso que dejó.
Está bien que hay comida, es gratis, y usted es medio muerto de hambre, pero disimule.

 
Para tomar la copa debe levantarla hasta la altura de la cara, y para beber realice un movimiento de la muñeca de afuera hacia adentro.

Pero ojo, no realice el levantamiento de la copa mientras lo acompaña diciendo "Arriiiiba, abaaaajo, al ceeeentro y ¡adeeeentrooo!" porque queda un poco grasa.
Tenga en cuenta, además, que deberá calcular correctamente el movimiento de muñeca para que la bebida llegue en la cantidad justa a sus labios. Si se pasa se chorrea, y si se queda corto va a tener que sorber con ruido, y ninguna de las dos cosas queda bien.
Calcule bien (o de última abra un poco mas la boca) y por las dudas mándese un buen fondo blanco.
Mas o menos como a la cuarta o quinta copa ya la va a tener re clara y seguro le va a salir naturalmente.


Mientras que se continúa con la comida y realiza un descanso, tendrá que ubicar el tenedor con la cavidad hacia abajo. Solo al finalizar se coloca la cavidad hacia arriba.

Ahi tiene, para usted que andaba preguntando si se podía repetir. Vea como en el mundo de la gente paqueta esas cosas no son necesarias.
Usted va, se manda en cinco minutos hasta la última partícula de alimento que queda en el plato y deja el tenedor para abajo. Cuando un mozo, el anfitrión, o quien sea que lo invitó a comer lo ve, tiene la obligación moral de seguir trayéndole comida porque debe interpretar que usted no terminó y solamente está descansando (Que haya limpiado el plato es un detalle sin importancia. Lo que vale es la posición del tenedor. Reglas son reglas).
Si esto no llegase a suceder luego de unos momentos, es socialmente aceptable esgrimir un ligero "¡Ehu!" al tiempo que arquea las cejas y señala el tenedor con los ojos haciendo un ligero movimiento con la pera, como indicando que el tenedor está para abajo y usted está esperando que le traigan mas.
De esta manera puede continuar disfrutando de los manjares ofrecidos y solamente cuando siente que ya quedó pipón pipón, recién ahí, si está seguro de que no le entra nada mas, pone el tenedor para arriba.


Tanto en la mesa, como en una reunión o fiesta debe tener cuidado al hablar. Utilice el vocabulario correcto. Saber callar a tiempo es indispensable.

Nunca pregunte por alguien que hace tiempo que no ve, porque es fija que se murió, probablemente de una manera trágica y horrible.
Tampoco se ponga a evaluar la mercadería femenina con otros asistentes a los que no conoce demasiado, porque es altamente probable que diga algo inconveniente de alguna que seguramente resultará ser esposa, concubina o amante ocasional de alguno, y capaz que termina todo a las piñas.
Lo mas recomendable por las dudas es hablar lo menos posible. Si le hacen preguntas, responda con monosílabos. O solo sonría y haga algún que otro gesto. Si resulta que su interlocutor es medio denso y como que lo presiona para darle charla, dese vuelta y aléjese. Si no puede hacerlo (por ejemplo porque está sentado a la mesa), mantenga su boca constantemente ocupada llenándola con comida. A la larga el otro se aburre y lo deja en paz.


Para conversar debe utilizar un tono medio, nunca gritar, ni emitir silbatadas. Tampoco hablar al oído.

O sea, tanto si va a contar chistes verdes, como si debe anunciarle a su acompañante que se retira un momento al toilette porque cree que algo de lo que comió le cayó mal y se está re cagando, deberá siempre hacerlo en un tono de voz moderado pero, a la vez, perfectamente audible para las personas que se encuentran en las cercanías. Ni se levanta la voz ni se susurra. Es una cuestión de buena educación.

También deberá tener en cuenta que quizás no quede muy ubicado que en un evento usted vea llegar a un conocido y ahi nomás desde donde está le grite "¡¡Eeeeehhhhh!! ¡¡Cachoooo!! ¡¡Acá!!" mientras agita el brazo y sonríe como un desaforado.

Lo mismo vale si está en un sitio donde hay personal de servicio. No llame al mozo o a la camarera con un chiflido, ni gritando "¡¡Ehh mosaico!!" o "¡Pssssst hey piba!".
Si debe llamar la atención del personal, la manera correcta de hacerlo es juntando los labios como si fuera a dar un beso y aspirar haciendo pasar el aire por el centro (Nota de color: el sonido que se produce de esta manera, correctamente realizado y modulado, tambien puede utilizarse para hacer que canten ciertas especies de pajaritos).
Tambien puede levantar el brazo y hacer chasquear los dedos, pero el sonido no se escucha tanto y por ahí interpreta que el personal lo ignora a propósito, se pone nervioso y se arma quilombo.


Si no tiene algo bueno que decir de alguien es mejor callar.

Y para que no se malentienda el concepto, vale aclarar que decir algo bueno de alguien NO ES elogiar bustos, culos o caras de gauchita, ni sacar a relucir habilidades amatorias de señoritas con las que uno ha tenido oportunidad de intimar en el pasado.
Ubíquese señor.


En un evento nunca se habla de dinero, de religión, de política, ni de enfermedades.

Nunca. Pero nunca, nunca. Especialmente de dinero. Es mas, si el evento en cuestión es para recaudar fondos para alguna causa benéfica, cuando le pregunten cuanto quiere donar responda "Yo no hablo de dinero" y retírese ofendido.


Preguntar la edad a una dama es de mal gusto.

Sin embargo, hay ocasiones en que es necesario y hasta, casi diría, imprescindible, como por ejemplo si piensa tirarle los galgos a una con pinta de mocosa. Asegúrese de que sea mayor de edad. Es preferible quedar medio guarango a terminar preso.
En el caso de las señoritas y/o señoras que, sin dudas, están en edad de recibir cariño, debe saber que, si por jetón nomás metió la gamba y sacó el tema de la edad, puede revertir la mala imagen que esto puede haber provocado utilizando frases matadoras como "No, pero la verdad que para la edad que tenes todavia estás para un tirito" o "Pero estás re bien. Asi veterana y medio baqueta igual te re doy".
Recuerde que la galantería nunca pasa de moda.


Jamás decir: "Que pálido estás, ¿estuviste enfermo?".

Tampoco es elegante decir cosas como "¡Gorda, escupí el fitito!" a una señorita excedida en carnes; ni "¿Que te pasó? ¡Estás hecho mierda!" a alguien que no ve hace un tiempo; ni "Y pensar que eras la mas linda del colegio. Que lo parió. Que picardía" a una vieja conocida.
No importa que todo sea cierto. Usted deberá guardárselo en su fuero íntimo, al menos hasta que la persona en cuestión se aleje un poco y no sea capaz de escucharlo.


El varón, cuando está con una dama, debe evitar alabar a otra.

Esto es casi un consejo de supervivencia. Nunca jamás lo haga. No importa el tiempo que hace que están juntos, no importa que la haya escuchado decir que "además de pareja somos buenos amigos", no importa que ella le diga que se sienta libre de decir lo que quiera que está todo bien. Si alguna vez estando con su mujer, novia o levante ocasional a usted se le ocurre siquiera mencionar, así como al pasar, casi sin darse cuenta y sin ninguna mala intención, alguna característica medianamente favorable de otra mina, se lo van a hacer pagar y muy caro. Para siempre.
Cuídese además de realizar acotaciones con tonito sarcástico acerca de lo elaborado de la comida, de lo limpios que están los pisos, o de lo bien planchadas que están las ropas porque, de hacerlo, es altamente probable que usted termine durmiendo en una plaza y privado de relaciones sexuales por tiempo indeterminado. 


En la mesa, cuando tome agua o vino no mantenga el tenedor o el cuchillo en la otra mano.

Eso es de pésimos modales. La otra mano debe estar siempre libre y cerca de su arma. Uno nuca sabe.


La servilleta se colocará en las piernas tan pronto se siente en la mesa y no debe abrirse totalmente.

Como se ha mencionado antes, ser fino tiene sus bemoles. Es muy incómodo que cuando te querés limpiar medio te tenés que doblar hasta casi meterte abajo de la mesa, pero bueno, peor es quedar como un simio que no sabe comportarse y la servilleta va ahí.
De última si se complica siempre puede uno limpiarse con la punta del mantel, que está mas a mano.


Cuando corte los alimentos no levante los brazos como si fuera a volar, puede molestar a la persona que tiene a su lado.

Si eso llegase a ocurrir, pídale amablemente a la persona que se corra. Si es una persona que no conoce y no sabe si tratarla de usted o tutearla, mírela fijo, arquee las cejas, mire su codo y mirela de nuevo a fin de que entienda que le está invadiendo su espacio personal. Si la persona se hace la desentendida y se niega a moverse, inclínese ligeramente acercándose un poco a ella y en tono medio tirando a grave diga "Tomátelas" (ahi ya puede tutear porque el otro está provocando). Si la persona sigue sin acceder, saque su arma y póngala sobre la mesa. 


Nunca se debe levantar el meñique u otro dedo cuando se usa una copa o un vaso. Muchas personas creen que esto es signo de elegancia, pero es todo lo contrario.

Tampoco se debe hacer cuando se procede a utilizar el escarbadientes (o la punta de un cuchillo Tramontina. O uno de esos sablecitos de plastico que se usan para la picada), para remover meticulosamente los restos de comida que pueden haber quedado entre los dientes. Lo que sea que use para limpiarse el comedor, agárrelo con toda la mano. Levantar el dedito es de mersa.


Cuando se hace dificil colocar la comida sobre el tenedor es permitido, de manera suave, utilizar el cuchillo como soporte. Nunca se debe empujar la comida con el pan.

Por supuesto que el pan no debe utilizarse para empujar la comida. Eso es de gente berreta. La comida se rempuja con el dedo. El pan se usa para pasarle vigorosamente al plato en caso de haber comido algo con salsa o juguito, como ya fue mencionado con anterioridad.


Nunca deje comida sobre el tenedor mientras habla.

Es de muy mala educación y falta de decoro. Si ya lo puso en el tenedor, la norma (y la Estela, y la Irma... jajaja... hoy estoy con todo) indica que debe mandárselo.
Si alguien le habla en ese momento tan inapropiado (siempre hay uno), como no es de buen comensal dejar al interlocutor esperando, aloje el alimento en uno de sus cachetes, tipo hamster, y trate de reponder. Si se le complica porque se metió un cacho grande de comida, mastique un par de veces mientras le hace el gesto con la mano al otro para que espere y beba un trago de algo como para ayudar a que se ablande lo que mantiene en su cavidad bucal.
Tenga especial cuidado de no apresurarse demasiado para tragar porque capaz que se atora y es un papelón.


Nunca empuje su plato cuando termine de comer. Déjelo en el mismo lugar hasta que lo retiren.

También puede ponerse de pie de repente, agarrarlo y estrellarlo contra el piso al tiempo que levanta los brazos y grita "Ooopaaaa" para luego aclarar que es de ascendencia griega.
Después, asi parado como está, junte aire inflando bien el pecho, mándese un regio eructo y diga que es algo cultural porque es árabe por parte de madre. 
Luego incline ligeramente el cuerpo hacia un lado al tiempo que flexiona una pierna para elevar uno de sus pies unos centímetros del piso, y expela un gas lo mas fuerte y ruidoso que pueda sin desgraciarse. Cuando todos se queden mirándolo en silencio esperando su justificación diga "Eso lo hice de asqueroso hijo de puta nomas". Luego váyase corriendo y riéndose a carcajadas y, si puede, cachetéele la pelada a un calvo de pasada.
Esto no es muy fino, pero si alguna vez llego a presenciar algo asi soy capaz de morirme de la risa ahí mismo.


Finalmente, nunca olvidar las tres palabras mágicas para toda ocasión: por favor, gracias, y disculpe.

Tambien tenga listo un "¡¡Eeehhhh!! ¿¿Que rompí??" si está en un lugar en el que le cobran la comida; un "¡¿Que mi plata no vale?!" para cuando no le quieran seguir sirviendo bebidas, y especialmente un "¿Sabes quien soy yo? ¡¡Ya te las vas a ver con mi abogado!!" para cuando lo echen a patadas en el culo de todos lados.


Y así, de esta sencilla y elegante manera, culmina este pequeño seminario de educación y buenos modales.

Espero que ahora puedan concurrir a eventos y fiestas sin dar verguenza ajena.



Para vos Euge (golpeándome el pecho y luego señalando al cielo).




jueves, 12 de diciembre de 2013

42


Es el ángulo en el que aparece el arcoiris.

Es uno de los números de "LOST" (4 - 8 - 15 - 16 - 23 - 42).

Es el número del departamento de Fox Mulder en "Los Expedientes X". 

Es la respuesta a la vida, el Universo y todo lo demás, según "La guía del viajero intergaláctico".

Es el número de letras del Ana B'Koach, una meditación kabbalística llamada también "El Nombre de Di-s de 42 letras".

En el I Ching es el hexagrama "i chi" o "Aumento" cuyo significado es "El sacrificio de los mas altos elementos produce el incremento de los menores; solo el espíritu tiene poder para ayudar al mundo".

Es el número que conecta de forma significativa el mundo de los números primos con la física cuántica a través de la distribución de números primos en la Hipótesis de Riemann (que sigue siendo uno de los grandes problemas sin resolver).

Es la cantidad de veces que Chuck Norris puede matarte en 42 segundos.



Y es un año mas... y es un año menos.

martes, 3 de diciembre de 2013

Oscuridad

Es todo lo que queda cuando tu ausencia se hace presente. Una silenciosa y profunda oscuridad que lo envuelve todo.

Y me pierdo. Y ya no se que hacer.

Busco casi con desesperación algo con que reemplazarte, pero sé en mi interior que finalmente será una búsqueda imposible, destinada al amargo sabor del fracaso.

Afuera el mundo parece haber desaparecido de repente, tragado por el negro abismo de una noche que se siente eterna, y se puebla de sonidos sin forma que se pierden en la nada.

Adentro, apenas si puedo moverme, tropezando torpemente con el vacío de este lugar familiar que ahora se me hace tan extraño.

Te llamo, y mi llamado se desvanece en la inmensidad de las incontables voces de aquellos que gritan y se lamentan sin encontrar jamás una respuesta.

Las horas pasan sin pasar. La espera se vuelve interminable.

Y solo me resta quedarme aqui, con la desolación como única compañía, aferrándome a la temblorosa y tenue luz de una vela, sumergido en una penumbra que parece no querer marcharse nunca...




Y sigo esperando....








¡¡¡Sigo esperando que vuelva la luz Edesur, y la reputa que te parió!!!

miércoles, 23 de octubre de 2013

Nooo... ¿En serio?

No se si están al tanto de las noticias, pero hace un tiempo surgió el caso de una niña que fue hallada en un campamento de gitanos en Farsala, Grecia, que rápidamente fue catalogado como un "misterio".

El "misterio del ángel rubio" para ser mas preciso.

Todo comenzó cuando las autoridades que encontraron a la nena (que deben ser gente terriblemente mal pensada, porque de otra forma no se entiende) sospecharon que "algo raro" pasaba al observar detenidamente y por largo rato (así medio entrecerrando los ojos, con una mano apoyada en el mentón y cara de profunda concentración), el aspecto físico de la menor, luego de lo cual llegaron a la conclusión (mediante arduas discusiones, acalorados debates y un larguísimo brain storming que incluyó aportes de reconocidos especialistas en genética, renombrados científicos, la Interpol, y un estudiante de posgrado de antropología que realizó una elaborada presentación en Power Point), de que existirían serios indicios como para suponer que la nena no sería realmente la hija de la pareja que se presentaba como sus padres biológicos.

Y, la verdad, yo creo que se apuraron un poco con la acusación.

Vean la foto de la familia:

   
Realmente ¡¿en que se basan para sospechar, con tan mala onda, que la pequeña no es la hija de esta gente?! ¿Donde está el "misterio"? ¡Si la piba es el vivo retrato de sus padres! ¡Es igualita! (Por ahí tiene mas del papá, claramente, pero bueno, los niños siempre sacan mas de un padre que del otro).

Por supuesto al poco tiempo les hicieron un ADN y salió que, efectivamente, la nena no tiene ni un cromosoma en común con ninguno de los dos supuestos progenitores, pero, claro, hay que ver que tanto se puede confiar en eso.
Para mi que las autoridades falsificaron las pruebas para intentar ocultar el gravísimo error que habían cometido al acusar injustamente a estas pobres personas de haberse kirchnereado a la mocosa.

Hay gente mala en el mundo eh... Que barbaridad....

sábado, 27 de julio de 2013

Mi vida es un carnaval carioca

Digo esto y seguramente infieran que estoy siendo deliciosamente irónico, como es mi costumbre (Porque, como bien saben, yo soy así, delicioso e irónico. También soy sarcástico, medio antipático y bastante mal llevado, pero eso es otro tema, y no estamos aqui para sacarme el cuero caramba...).
Pues bien, déjenme felicitarlos por su suspicacia, ya que tienen toda la razón. Evidentemente son personas muy perceptivas para detectar ovbiedades.

Ahora bien; seguramente, además, en este o algún otro momento hayan pensando que también soy un poco exagerado, o bastante, o directamente que bolaceo a lo pavote y me tomo ciertas licencias literarias (por definirlo de una manera elegante) acerca del asunto este de que el Universo o las garcas de las Deidades que lo rigen me tienen cierta antipatía, me tomaron de punto y gustan de divertirse haciendo de mi vida un verdadero tsunami de miserabilidad ¿Verdad?
Si, vamos... No lo nieguen. Somos pocos y nos conocemos bastante. Mas de una vez pensaron eso. Reconoscanlón: son muy mal pensados, y creen que yo invento cosas porque eso me sirve para hacer mas llevadero y/o/u medianamente atractivo el relato de las boludeces que se me da por compartir de vez en cuando en este olvidado espacio.
Pero no importa. No me molesta. Todo bien. Yo lo acepto (con extraordinaria grandeza. Con esa grandeza que solo los mas humildes podemos mostrar).
De todas formas, y al solo efecto de hacerlos sentir mal y probarles lo equivocados que están por pensar esas cosas de una persona tan adorable y transparente como yo, voy a contarles algo como para que vean que, mas allá de los detalles, tan tan errado no estoy y los Dioses algo personal en mi contra tienen, vaya uno a saber por qué (Yo tengo la teoría de que es porque envidian mi refulgente atractivo y mi carisma irresistible, pero no se...).

En fin... Como mas o menos lo dejé entrever en los artículos anteriores, en estos últimos años mi vida no ha sido precisamente un lecho de rosas, pero a partir de la separación, digamos que directamente se ha convertido en una especie de montaña rusa.
Pero una montaña rusa medio rara, oxidada y tambaleante, que solamente va para abajo, y que está ubicada en un parque de diversiones abandonado, desierto, oscuro, tenebroso y lleno de cucarachas. Algo que podría definir en pocas palabras como una verdadera porquería y que, frecuentmente, hace brotar en mi interior el casi irrefrenable impulso de cruzar a la verdulería y comprarme una regia sandía para devorarla acompañada de un buen vaso de vino tinto, cosa de terminar con mi miseria de una vez por todas.
Pero no lo hago. Principalmente porque ya se terminó la época de la sandía (los impulsos me agarran siempre a destiempo. No pego una), y encima el vino bueno está carísimo y no me voy a andar quitando la vida con un tinto berreta de cajita (después de todo soy una celebridad y aunque sea me quiero ir con algo de dignidad).

Este patético estado anímico ha provocado, además, que mi ya reconocida y querible falta de gusto por relacionarme con el resto de la especie humana se haya visto profundizada a niveles casi casi patológicos (algo que también ya mencioné anteriormente. Y si, también me pasa que repito mucho las cosas. Ser casi un ermitaño y empastillarse diariamente tiene estas particularidades, y a veces me confundo y no se si dije algo acá o se lo dije a las plantas en una de nuestras charlas), y solamente me obligue a salir a la calle únicamente cuando es estrictamente necesario (por ejemplo para comprar algo para comer, o para ahuyentar a los niños que pasan gritando y riendo por mi ventana, arrojándoles soda con un sifón).
Para mi esto no tiene nada de raro pero, aparentemente, es algo que perturba seriamente a mi psicóloga, dado que recurrentemente me repite (a veces con mucho énfasis y cara de que si pudiera me encajaría un bife) que no puedo seguir así, que ya es tiempo de que haga algún "movimiento" (parece que correr niños con un sifon no cuenta) y que me ponga las pilas de una puta vez porque cada vez que habla conmigo termina frustrada y con ganas de devolver el título y dedicarse a vender cosméticos.
Fue entonces que, hace un tiempo, luego de largas horas de meditación hecho un ovillo en el sofá, y teniendo en cuenta que, aunque se la pase cagándome a pedos, un poco de aprecio le tengo a la licenciada y me dió cierta culpa que se sienta mal por mi causa (puede que todo haya sido otro de sus trucos mentales Jedi, pero la verdad es que la última vez que dijo que tenía ganas de dedicarse a otra cosa me pareció que lo decía en serio), finalmente llegué a la conclusión de que quizás, por ahí, podría ser, existía una ligera posiblidad de que algo de razón tuviera, así que decidí que, tal vez, efectivamente, ya era tiempo de hacer algo.
Pero debía ser algo groso. No cualquier cosa. Algo importante. Algo que sirviera como puntapié inicial de una nueva etapa en mi vida. Algo que sirviera para declararle al Universo que no me iba a derrotar, por mas que lo intentara, una y otra vez. Algo que le demostrara a los Dioses en su cara, que aún estaba de pie, empuñando mi espada nuevamente y mirándolos fijamente a los ojos mientras me golpeo el pecho y les grito "¿¿Eso es todo lo que tienen mariquitas pusilánimes??" (Porque yo soy asi. Te tardo una eternidad en decidir algo, pero cuando me decido ... Aaahhhpalalalala... Agarrate eh, porque soy una cosa de locos...).
Así, embargado por esta erupción de energía indomable y bastante drogado por la mezcla de antidepresivos que ingerí, fue que hace un mes, mas o menos, me pegué una enguajada, me arreglé un poco, me puse el pullovercito ese de pelo de bebé panda que todavía no terminé de pagar, salí a la calle, grité "¡¡¡This is Sparta!!!" y ahi nomás... me fui al cine.

Bueno, si, ya se, no parece gran cosa, pero para mi fue algo extremadamente difícil de hacer ¿Que esperaban? ¿Que fuera a tirarme en paracaidas del Obelisco? Además ya había comentado antes que volver al cine era algo que me iba a costar muchísimo ¿Lo dije acá no? O capaz que se lo dije a uno de los almohadones del sofá. No se. No me acuerdo.
En fin, la cosa es que si, después de mucho tiempo, me propuse volver al cine, y fui.
El film que tuvo el alto honor de ser el elegido para ser parte de este épico momento fue, por supuesto, "El hombre de acero".

"¿¡Y por que no escribió la crítica señor!? ¿¡EH?! ¡¡¿¿Por qué??!! ¡¡Turro!! ¡¡Vago!!" estarán exclamando ustedes en este momento, interrumpiendo la emotividad del relato casi con indignación y apresurándose a reclamar con esa falta de sensibilidad que los caracteriza.

Bueno, aguanten un cacho y déjenme contarles por que.

Resulta que llegué al cine y, luego de dudarlo no menos de veinticinco veces, procedí a ubicarme en la cola para sacar la entrada, luchando con el persistente deseo de volverme de inmediato a mi casa, que era lo único que me acompañaba mientras esperaba.
Saqué la entrada, haciendo un enorme esfuerzo de concentración para decir "una" en lugar de "dos" como estaba acostumbrado. Fue bastante feo (Aunque peor hubiera sido pagar dos de gusto, pero bueno...)..
Me tragué la angustia. Tosí, porque me ahogué con la angustia. Subi la escalera mecánica. Me detuve unos segundos para contener nuevamente el impulso de darme vuelta y volverme. Caminé unos pasos, algo forzado por el reclamo y algún que otro empujón seguido de insultos de la gente que venía detrás mío y se iba quedando medio trancada, dado que yo estaba detenido al final de la escalera mecánica.
Me dirigí a la entrada y le di el ticket a la señorita. Comencé a transitar lentamente por el hall hacia la sala indicada. Aún con plena conciencia de que estaba patéticamente solo, casi por reflejo pregunté "¿Tenés que ir al baño?" como solia hacerlo en cada oportunidad en que he transitado por ese lugar. "¿Y a usted que le importa joven?" me repondió de mala manera una vieja que pasaba cerca y que pensó que le hablaba a ella.
Llegué a la puerta de la sala. Respiré hondo, y entré.
Me sentí solo. Mas que de costumbre.
Respiré hondo otra vez. Apreté los dientes y seguí caminando. Llegué al pie de la escalera y elevé la mirada hacia los asientos donde siempre solía sentarme. Sentí que, quizás, ya nunca mas me sentaría en aquel lugar.
Quise volverme, otra vez. Pero no podía. No debía. Ya había llegado lejos, y si me volvía en ese momento sería un fracaso. Y además estaba ahí para probarme que podía estar ahí. Estaba ahí para mirar a los Dioses y decirles "¡Esta es para ustedes putos!" mientras me tomo groseramente la entrepierna.
Y asi, con ese pensamiento en mi mente, junté fuerza, saqué pecho y, con absoluta determinación, comencé a subir lentamente la escalera, buscando una ubicación.
Subí un escalón. Luego otro. Y otro. Elevé un poco la mirada, levantando una ceja y esgrimiendo una ligera sonrisita así medio de costado, imaginando la cara de las Deidades que observaban impotentes mi avance. Subí otro escalón. Y cuando estaba subiendo el quinto... me tropecé y me caí.

Si, si. No es joda. No es una licencia literaria. No es un invento.

Estaba entrando a la sala donde, debo agregar, ya había gente, y me caí en la escalera.

Obviamente me paré lo mas rápido que pude (habrán sido no mas de siete u ocho minutos), subí dos o tres escalones mas haciendo un esfuerzo sobrehumano para no estallar en combustión espontánea por la vergüenza, y me senté ahí nomás, medio cerca del pasillo, deseando fervientemente que alguno de los asistentes que estaba en la sala fuera un terrorista musulmán armado con un chaleco cargado de explosivos y lo detonara en ese mismísimo instante, y sintiendo, además, una sensación de dolor punzante y casi insoportable un poco por detrás del hombro derecho.
Un dolor tan agudo que con el correr de los minutos, hacía que por momentos se me entrecortara la respiración y amagara con desmayarme (Cosa que no hice porque ya si caerme fue un papelón, desmayarme hubiera sido como demasiado. Además ya había pagado la entrada y me hubiera perdido la película. Y además desmayarse es de puto).

Y fue entonces así, en ese estado, que tuve que ver la película. Apenas. Literalmente, apenas.

"¿¿Y eso que importa?? ¡La crítica la tiene que escribir igual señor! ¡Usté se debe a su público, por poco que sea! ¡¡ Atorrante!! ¡¡Devolvé la plata!! ¡¡Ladrón!!" continuarán gritando ustedes, agitando sus puños, algunas guadañas y una que otra antorcha, y demostrando el nulo aprecio que me tienen y lo mal que están del marulo.

Esperen pichones, esperen, porque eso no fue todo. Nooooooo nononono. Falta lo mejor. La frutillita del postre. La prueba irrefutable de lo que mencionaba al principio, y que dio lugar al corte y la confección de este artículo.
Porque caerse pasando un papelón giganteso se cae cualquiera. Yo no. Yo vengo con bonus track.

Es así que al finalizar la proyección, ya me encontraba directamente casi en un estado de semi inconsciencia, el dolor se había agudizado a niveles casi insoportables y prácticamente no podía mover el brazo derecho.
Como pude, haciendo uso de toda mi arrolladora masculinidad espartana y mi orgullo saiayin, abandoné el complejo y caminé hasta mi auto, solo para comprobar que me era definitivamente imposible manejar para retornar a mi hogar (de hecho, lo sospeché seriamente cuando de pedo me pude subir al vehículo) o para llegar hasta algún centro médico a ver si me daban un calmante, o me hacían la gauchada de ejecutarme con un rifle sanitario para que deje de sufrir.  
Entonces hice lo único que pude hacer en ese momento: me quedé ahi, sentado en el auto, con la mirada perdida en el vacío, solo, y sin saber que carajo hacer.
Y para que se entienda bien lo maravilloso de la situación, cuando digo "solo", es solo; literalmente solo, ya que aqui donde resido no tengo ni familiares, ni amigos, ni conocidos, ni nadie cercano a quien acudir; y la única persona a la que, en un momento de nebulosa desesperación, se me ocurrió llamar, no me atendió el teléfono (Si estás leyendo esto gracias eh. Muchas gracias). 

No voy a entrar en detalles acerca de todo lo que sucedió después para no hacerlo demasiado largo, pero basta con decir que aproximadamente unas seis horas después del incidente (si, seis, contando las dos que duró la película), pude llegar a un sanatorio y realizarme una radiografía.
El diagnóstico fue que tenía fracturada la escápula (Si no saben que hueso es, googleen, y háganse una idea de lo cagado que hay que ser para rompersela).

¿Que por que no escribí la crítica se preguntaban? Bueno, capaz que porque vi toda la película con un hueso roto, lo cual la terminó convirtiendo en una especie de borrón que apenas recuerdo.
Una película que tenía muchísimas ganas de ver. Una película que me costó una enormidad decidir ir a verla. Una película que iba a simbolizar mi decisión de volver a levantarme para tratar de salir del pozo en el que me encuentro.
Una película que por esas ironías del destino (es un jodón bárbaro el destino. Que tipo copado che) se titula "El hombre de acero" ¿No es gracioso? Jajajaja que loco ...(Y perdoname Supermán, pero la reconcha de tu hermana, vos y tu invulnerabilidad).
Y claro, tampoco pude escribir fundamentalmente porque dada la naturaleza de la rotura, el médico me dijo que debería mantener estrictamente inmovilizado mi brazo derecho (que es mi brazo hábil, por supuesto. Sino no tiene gracia, la puta que lo parió) al menos durante un mes, dado que sino se incrementaba bastante el riesgo de que la lesión empeorara y pase a ser algo quirúrgico.
Como eso iba a ser virtualmente imposible de lograr para un pobre infeliz meado por un brontosaurio con infección urinaria como un servidor, que ahora vive solo (y está solo. Y todo parece indicar que morirá solo, probablemente atragantado con una semilla, desnucado por caerse de la cama, o algo así bien bien ridículo), lo que tuve que hacer, por precaución, fue permanecer internado en el sanatorio por algo mas de dos semanas.

Podría, a partir de aqui, deleitar a la teleplatea relatando todas las cositas jocosas que viví en esos días, como por ejemplo que el primer día de internación como no había habítaciones individuales tuve que compartir la pieza con un señor que expelía sonoros gases sin nigín tipo de consideraciones (no se cual sería su diagnóstico, pero así nomás, a groso modo, me arriesgaría a decir que se había tragado un trombón) o lo cerca que estuve de suicidarme en mas de una ocasión tratando de lavarme los dientes con la mano izquierda, pero mejor lo dejo para otro día.

Al fin y al cabo, este pobremente redactado artículo, el cual solo fui capaz de comenzar a escribir hace unos días debido al temita este de que aún tengo la movilidad de mi brazo derecho bastante limitada debido a un simpático dolor que se resiste a abandonarme (y que aparentemente es lo único que no me quiere abandonar), solo tiene la finalidad de demostrar a los señores del jurado, con pruebas evidentes e irrefutables que, definitivamente, lo crean o no, el Universo me de-tes-ta.

Y con ganas.

Creo que es hora de pensar, seriamente, en hacerme exorcizar.